Notas sobre la arquitectura de Tropical Space
“La arquitectura auténtica representa y refleja un modo de vida, una imagen de la vida” Con esas palabras de Pallasmaa podemos introducirnos al trabajo de Tropical Space. Sus obras hablan de la vida doméstica, cotidiana. Nos resulta fácil imaginar el ruido que hace un cuchillo sobre una tabla de madera al preparar la comida, o el sonido del viento durante la lectura de un libro.
La arquitectura de Tropical Space trata del aire; de la manera delicada de contener un fragmento de vacío. Y de la luz.
Austera, sencilla y compleja, su obra trabaja el intersticio. El tema está en el límite. La plástica como elemento de contención del aire, el viento y el sol. Y también la lluvia.
Con lo mínimo. Apenas unas chapas plegadas, colgadas de barras de acero, construyen, sin perturbar el espacio, sin ocupar casi nada, escaleras como la de la Casa Gaps. Planchuelas delgadas de hierro y metal desplegado arman puertas de entrada como en la casa LT. Una simple estructura de madera forma el borde que rodea el espacio central en el Estudio Terracota donde el artista gurda su trabajo. No hay alta tecnología ni espectáculo. Hay autenticidad.
La luz se filtra y baña el interior como en la Termitary House, pero no invade; se presenta delicadamente. Ahí está el desafío: lograr ese equilibro entre la penumbra y el deslumbramiento.
Las obras de Tropical Space se asientan cómodamente en esa tensión entre la luz y la sombra para dar a cada espacio la gradación adecuada. Desde arriba, desde una abertura inadvertida, llega un baño de luz natural que se asienta en la textura del ladrillo. Y es entre los vacíos que deja la trama de mampostería, por donde pasa la luz a través de los paramentos verticales, filtrada, tamizada, hecha material. Y de repente aparece un fragmento de cielo y sorprende, recortado por muros sin techo; enmarcado y silencioso.
Pasar de lo mensurable a lo inconmensurable. Hacer sublime lo cotidiano a través de las transiciones: del exterior al semicubierto, a la múltiple altura, a la complejidad espacial y el juego con la luz natural.
En el trabajo de este estudio se repite el uso del ladrillo común y las losas de hormigón visto. No hay espacio para el revestimiento. Volúmenes puros, cubos, prismas rectangulares. Y la precisión en la construcción. Esa construcción tradicional a la que estamos acostumbrados en nuestro país pero al otro lado del mundo.
Bohigas reclamaba estudios para hacer casas dignas sin ventanas , y creo que por ese camino va la arquitectura de Torpical Space; trabajar para la gente común; representar y reflejar un modo de vida.
A modo de comentario inicial es posible puntualizar una serie de intereses que podrían ser aristas atractivas a abordar para la caracterización y posterior interpretación de un estado de situación de la práctica contemporánea que estamos llevando adelante arquitectas y arquitectos de la ciudad.
Por ejemplo la cuestión formativa, es decir, cuáles son las cátedras en donde nos hemos formado, si hablamos de la Universidad Nacional de Rosario, o en qué universidades privadas de las presentes en la ciudad.
Pensar sobre nuestra formación tiene que ver primero con que muchos de quienes formamos parte de este colectivo ejercemos la docencia. En cierta medida pensar cómo aprendimos tiene que ver con reflexionar sobre cómo hay que formar, cómo debemos enseñar arquitectura.
La coincidencia de los caminos formativos recorridos por quienes participamos de estos encuentros, de algún modo se evidencia en la empatía de los intereses.
Esto sin duda se complejiza en la medida en qué cada vez es más común la formación de posgrado, fundamentalmente de máster. Eso en general nos pone frente a una educación formal que nos lleva a otras casas de estudio debido a que, y esto no es una cuestión menor, en la Universidad Nacional de Rosario no existe formación proyectual en el nivel de Maestría. A mi modo de ver, este hecho debería ser subsanado lo más pronto posible.
Tenemos también el tema de las referencias o los objetos de estudio en la práctica profesional; es decir, cuáles son los estudios de arquitectura que miramos durante -principalmente- el proceso de proyecto. Sería interesante mapear cuáles son las que se repiten con mayor frecuencia entre la mayoría.
En relación con esta última cuestión sería pertinente considerar cuáles son los medios a donde abrevar. En el último tiempo el insumo fundamental de material de consulta más inmediato está dado por las redes sociales y considero que esto es un dato no menor, no solamente por la manera en la que consumimos arquitectura sino también por la forma en la que pensamos que debemos comunicarnos. De alguna manera las redes sociales, en su inmediatez y globalización, en el tráfico bestial y abrumador de imágenes, tienden a homogeneizar el lenguaje de la arquitectura, dificultando cada vez más la identificación con algún atisbo de localidad. No menciono esto con alarma sino como un signo de los tiempos que debemos considerar. Sería interesante determinar cuáles son las razones por las cuales algunos discursos -que muchas veces se vuelven superficiales- llegan con mayor fuerza que otros. Es probable que el algoritmo tenga algo que ver. Sin embargo también hay algo que se relaciona con la ley transitiva; es decir, a quién mira o con quién se relaciona aquel a quien yo miro.
Es cierto que hay, y siempre hubo, desde nuestro país una mirada muy curiosa a lo que sucede en Europa y hoy, con el contacto mediado por las redes sociales, en tiempo real nos llega ese material con el que dialogamos. Producimos, quizá sin darnos cuenta, cosas que se emparentan, que comparten recursos y códigos, que hablan con algo parecido a un lenguaje común. Esto conlleva también un deseo de pertenecer y quizá subyace una suerte de idea de validación mediante la producción de lo ya aceptado. Esto es algo a profundizar.
Por otro lado, la idea de lo local está asociada a la producción de ciertos arquitectos que por coincidencia o resultado de las miradas intencionadas, revalorizan la noción de la construcción vernácula, asociada a lo rural. Esto tiene una empatía -que quizá no sea fortuita sino la comprobación de que el foco estaba puesto en el lugar correcto- con una revalorización internacional de lo agrícola. Concretamente nos referimos a arquitectos de un par de generaciones atrás que siguen siendo nuestros referentes. Entonces nos movemos entre esa mirada homogeneizadora de lo que muestran las redes sociales y esa revaloración de los arquitectos locales. Podríamos sugerir que producimos en ese punto de encuentro, en esa coincidencia entre la lectura de lo propio de las generaciones pasadas y la revalorización contemporánea de aquellos valores por parte de profesionales distanciados por miles de kilómetros de nuestra ciudad. Esto posiblemente tenga un peso significativo en nuestra forma de entender la arquitectura.
Podríamos añadir también una característica propia de la coyuntura en la que la conformación de los equipos de proyecto, o las asociaciones entre profesionales es cambiante y heterogénea. Posibilitado por la formas de comunicación y de intercambio de informaciòn y asociado a que la idea de un estudio formado por algunos socios que se sostiene estanco en el tiempo empieza a estar un poco obsoleta (sea por dificultades econòmicas, por formas de relacionarnos con lo laboral, por la transitoriedad de las actividades, etc.), los vìnculos que establecemos para realizar encargos privados, concursos o diversas actividades hace cada vez màs diverso el escenario de producción. Esto implica que debemos tratar de construir nuestra manera de entender la arquitectura reflexionando lo propio a partir de lo común o lo compartido.
Expresamos estas aristas de reflexión, que no son las únicas ni son probablemente suficientes para la caracterización e interpretación de nuestra práctica actual, para poder poner sobre la mesa esta voluntad de la que hablábamos al principio. Reconocer cuánto hay que no es nuestro en lo que hacemos, de cuántas cosas nos apropiamos, qué tiempo le brindamos a la arquitectura, en qué medida hacemos lo que hacemos por como fuimos formados y cómo, desde esa forma de mirar el mundo, abrimos el horizonte a nuevas maneras de mirar.
La arquitectura de Tropical Space trata del aire; de la manera delicada de contener un fragmento de vacío. Y de la luz.
Austera, sencilla y compleja, su obra trabaja el intersticio. El tema está en el límite. La plástica como elemento de contención del aire, el viento y el sol. Y también la lluvia.
Con lo mínimo. Apenas unas chapas plegadas, colgadas de barras de acero, construyen, sin perturbar el espacio, sin ocupar casi nada, escaleras como la de la Casa Gaps. Planchuelas delgadas de hierro y metal desplegado arman puertas de entrada como en la casa LT. Una simple estructura de madera forma el borde que rodea el espacio central en el Estudio Terracota donde el artista gurda su trabajo. No hay alta tecnología ni espectáculo. Hay autenticidad.
La luz se filtra y baña el interior como en la Termitary House, pero no invade; se presenta delicadamente. Ahí está el desafío: lograr ese equilibro entre la penumbra y el deslumbramiento.
Las obras de Tropical Space se asientan cómodamente en esa tensión entre la luz y la sombra para dar a cada espacio la gradación adecuada. Desde arriba, desde una abertura inadvertida, llega un baño de luz natural que se asienta en la textura del ladrillo. Y es entre los vacíos que deja la trama de mampostería, por donde pasa la luz a través de los paramentos verticales, filtrada, tamizada, hecha material. Y de repente aparece un fragmento de cielo y sorprende, recortado por muros sin techo; enmarcado y silencioso.
Pasar de lo mensurable a lo inconmensurable. Hacer sublime lo cotidiano a través de las transiciones: del exterior al semicubierto, a la múltiple altura, a la complejidad espacial y el juego con la luz natural.
En el trabajo de este estudio se repite el uso del ladrillo común y las losas de hormigón visto. No hay espacio para el revestimiento. Volúmenes puros, cubos, prismas rectangulares. Y la precisión en la construcción. Esa construcción tradicional a la que estamos acostumbrados en nuestro país pero al otro lado del mundo.
Bohigas reclamaba estudios para hacer casas dignas sin ventanas , y creo que por ese camino va la arquitectura de Torpical Space; trabajar para la gente común; representar y reflejar un modo de vida.